La reforma laboral, el embridamiento del déficit y el saneamiento del sector financiero, sus principales logros.

España se está germanizando y Alemania se afrancesa a pasos agigantados, casi a la misma velocidad a la que Francia se españoliza. Este era el diagnóstico sobre Europa que realizaba hace solo unos meses el servicio de estudios de una de las principales entidades financieras alemanas, el Deutsche Bank. Y las cifras de crecimiento económico que hemos conocido hace solo unos días apuntan en esta dirección.
España lideró el avance en la zona euro, con un crecimiento del PIB del 0,6%, frente al estacamiento de Francia (0%), la contracción de la economía alemana (-0,2) y la recesión en la que ha vuelto a sumirse Italia tras dos trimestres consecutivos de descensos.
En varias ocasiones nuestro país estuvo al borde del precipicio. En mayo de 2010, en una multiconferencia en la que participaron el entonces director del Tesoro norteamericano, Thimothy Geithner, y los principales responsables del FMI, el BCE y la Comisión Europea, el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, recibió un ultimátum: 'Tome medidas o intervenimos el país'.
Fue entonces cuando el Gobierno socialista dio un giro radical a la política de dispendios que había seguido hasta encontes y aprobó la congelación de las pensiones y el recorte del sueldo de los funcionarios, entre otras medidas de ajuste.
Un año después, en agosto de 2011, PP y PSOE pactaron modificar la Constitución para incluir en ella la obligación de equilibrar las cuentas. De nuevo nuestro país se situaba al borde del precipicio.
Los primeros meses del Gobierno de los populares tampoco fueron fáciles. El incumplimiento de los objetivos de déficit y el agujero detectado en muchas cajas de ahorros obligaron al Ejecutivo de Rajoy a pedir ayuda a Europa para salvar a las entidades financieras. Y si eso ocurría en junio de 2012, un mes después, en julio, hace apenas dos años, la desconfianza de los inversores llevaba a la prima de riesgo a los 637 puntos básicos.
En este periodo, apunta Deutche Bank, España ha variado su modelo económico enfocándolo hacia la búsqueda de un crecimiento moderado y la recuperación de la competitividad y rentabilidad de sus empresas por una vía muy alemana: la contención de los salarios.
El objetivo de la nueva regulación era flexibilizar el mercado de trabajo de modo que la empresas pudieran adaptarse mejor a las situaciones de crisis sin que eso se tradujera en despidos.
Con la legislación anterior, argumentaba el Gobierno de Rajoy, era más fácil despedir a un empleado que bajarle el sueldo o modificar sus funciones dentro de la empresa. Ahora, apuntan en el Departamento de Fátima Báñez, la reforma empieza a dar sus frutos, y España empieza a crear empleo con un mínimo crecimiento económico. Hasta hace unos años era necesario crecer a ritmos anuales de al menos el 2% para empezar a crear empleo. Hoy se están creando puestos de trabajo con una economía crecimiendo a poco más del 1%.
Junto a la reforma laboral, criticada por sindicatos y oposición, pero muy aplaudida en los ámbitos internacionales, la reducción del déficit público es otro de los logros que ha permitido a España recuperar la confianza de los inversores. Aunque el déficit público, todavía es abultado, se prevé cerrar este año con el 5,8% del PIB, el Gobierno ha cumplido sus compromisos y el mercado lo está valorando.
Fuente / Foto: Abc.es